Antes de comenzar

Previamente a comenzar a leer esta entrada me gustaría que tomaras un breve tiempo para pensar en tu vida e identificar alguna persona o personas que te hayan hecho daño. Personas hacia las que tienes resentimiento por la forma en que te han tratado, por algo que sucedió en el pasado, o incluso está sucediendo en estos momentos. En definitiva, personas a las que no has perdonado y tu relación con ellas está rota. ¿Has podido identificarlas? ¡Perfecto, podemos continuar!

Lo visto hasta ahora

Desde que comenzamos esta sección hemos visto juntos varias cosas. Primero, comenzamos explicando el origen de la ruptura en las relaciones interpersonales. En la historia de Adán y Eva pudimos ver como el pecado nos enfrentaba y fracturaba nuestras relaciones. También pudimos ver alguna de las consecuencias, unos seres humanos dominan y abusan de otros aprovechando las diferencias. Nuestra historia esta llena de claros ejemplos.

Segundo, pudimos observar como el mal se iba extendiendo y afectaba a todo tipo de relaciones entre las personas. Las historias de Caín, matando a su hermano Abel, Jacob, engañando a su hermano Esaú con la complicidad de su madre y, finalmente, los hermanos de José, vendiéndolo como esclavo.

Tercero, hablamos de la Ley del Talión, "ojo por ojo y diente por diente". Todo y la crudeza de la misma suponía un avance significativo, la retribución por el mal hecho tenía que ser proporcional al mismo. La ley, ponía coto a las venganzas desproporcionadas, pero no resolvía el problema.

Jesús nos ofrece un camino diferente y mejor, el perdón

La historia que encontrarás a continuación ya has tenido la oportunidad de leerla. Sin embargo, es tan importante que vale la pena hacerla de nuevo.

Pedro, acercándose entonces a Jesús le preguntó: Señor, ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano si me ofende? ¿Hasta siete veces?

Jesús le contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Y es que el reino de los cielos puede compararse a un rey que quiso hacer cuentas con la gente que tenía a su servicio. Para empezar, se le presentó uno que le debía diez mil talentos [El talento era la moneda más importante del Imperio Romano. Podía fácilmente equivaler al salario anual de una persona. Por tanto, diez mil talentos representaba una cantidad difícil de procesar para una persona]. Y como no tenía posibilidades de saldar su deuda, el amo mandó que lo vendieran como esclavo a él, a su esposa y a sus hijos junto con todas sus propiedades para que así saldara la deuda. El siervo cayó entonces de rodillas delante de su amo, suplicándole: "Ten paciencia conmigo, que yo te lo pagaré todo. El amo tuvo compasión de su siervo; le perdonó la deuda y le dejó ir libremente.

Pero al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios. [El denario equivalía al salario diario de un jornalero agrícola] Lo sujetó violentamente por el cuello y le dijo: "¡Págame lo que me debes!". Su compañero se arrodilló delante de él, suplicándole: "Ten paciencia conmigo, que yo te lo pagaré". Pero el otro no quiso escucharle, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que liquidara la deuda. Los demás siervos, al ver todo esto, se sintieron consternados y fueron a contarle al amo lo que había sucedido. Entonces el amo hizo llamar a aquel siervo y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste; en cambio tú no has querido compadecerte de tu compañero como yo me compadecí de ti". Y, encolerizado, el amo ordenó que fuera torturado hasta que toda la deuda quedase saldada.

Esto mismo hará mi Padre celestial con aquel de vosotros que no perdone de corazón a su hermano. (Mateo18:21-34)

El diccionario define perdonar del siguiente modo, remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Es decir, no tenerle en cuenta a otros la ofensa que nos han hecho, no pagarles como se merecen, no esperar que nos compensen por el mal causado.

El precio del perdón

Lo que Jesús nos pide no es fácil en absoluto. Nos propone que pasemos por alto la ofensa, que no esperemos compensación por ella que no actuemos hacia el ofensor como en nuestra opinión y en justicia merece.

No es fácil porque habitualmente las ofensas, por acción u omisión, nos producen pérdida, dolor físico y/o emocional, dejan heridas en nuestras vidas que son duras y difíciles de cicatrizar.

¿Nos está pidiendo Jesús que ignoremos todo eso, nos está pidiendo que actuemos como si no hubiera pasado nada, que le quitemos hierro al asunto?

Creo que no. No pienso que Jesús nos pida que ignoremos la realidad sino más bien que tengamos la capacidad de vivir por encima de esa realidad. No hay que quitarle importancia a las ofensas, no debemos minimizarlas, hay que darles toda la gravedad y dimensión que puedan tener, sin embargo, y a pesar de todo ello, decidimos vivir y actuar de forma diferente, decidimos otorgar perdón, no buscar retribución, cerrar la herida y no permtir que la dinámica de las relaciones interpersonales rotas por el pecado siga alimentándose y perpetuándose.

Creo que el dolor, la pérdida, el sentido de haber sido abusados y maltratados es el principal obstáculo para perdonar. Sin embargo, el perdón es el camino mejor y diferente que Jesús nos ofrece, es la alternativa a la Ley del Talión que, como recordarás, es mucho mejor que la venganza indiscriminada.

¿A quién debemos perdonar?

Perdonar a alguien que toma la iniciativa de pedirnos perdón y reconocer su ofensa es difícil y complicado. Como comentaba antes, el dolor que la ofensa produce, los sentimientos que despierta, complican la posibilidad de otorgar el perdón. Cuanto más dolorosa ha sido la ofensa más duro es perdonar al ofensor. Hay una lucha emocional y espiritual que debemos librar y vencer para poder llegar al punto de perdonar. Hay mucho dolor que debe ser superado.

Sin embargo, es posible hacerlo y todos lo hemos hecho en ocasiones. Ahora bien ¿Cómo podemos perdonar a aquellos que nisiquiera nos piden perdón? ¿Cómo eximir de culpa a aquellos que no sienten la más mínima y que, además, no tienen remordimiento alguno por la ofensa causada?

Es un punto importante. La ofensa produce dolor, pero cuando el ofensor no reconoce su culpa, su responsabilidad, el daño que ha hecho y el dolor que ha producido, es como echar sal en la herida abierta, aumenta la sensación de sufrimiento, de haber sido maltratado y abusado ¿Cómo vamos a perdonar en esas condiciones?

Cuando he hablado del tema del perdón en algún grupo, con frecuencia alguien ha venido al final para hablar conmigo. Entendían la necesidad, a pesar que pudiera ser costoso, de perdonar a la persona que solicitaba el ser perdonado, sin embargo, no acababan de entender, o estaban en franco desacuerdo, que tuvieran que hacerlo con quien ni pedía perdón ni reconocía la ofensa.

¿Qué argumentar al respecto? Poca cosa. Pienso que la Biblia nos enseña que el perdón es algo que se otorga de forma unilateral. Si es así, si nosotros perdonamos porque es la alternativa de Jesús a las relaciones rotas por el pecado, no hay diferencia si la persona pide perdón o no. Si lo hace ¡fabuloso! podremos experimentar la alegría de relaciones restauradas. Si no lo hace ¡fabuloso también! porque nos podremos librar de la amargura, el resentimiento y podremos curar nuestras heridas.

Pero ¿Cómo podemos generar la motivación necesaria para perdonar al ofensor, especialmente al que no reconoce el dolor que nos ha inflingido? De nuevo, Jesús no muestra un camino mejor y diferente.