Mientras seguimos a Jesús nos va restaurando. Poco a poco va sanando las cuatro grandes fracturas o rupturas que el pecado -nuestra rebelión contra la autoridad de Dios- produjo en la experiencia humana.

Jesús es descrito en los libros del Nuevo Testamento como el hombre nuevo. Jesús es el prototipo de una nueva humanidad. Jesús, con su vida, nos enseña e ilustra todo lo que el ser humano podría llegar a ser y que, desgraciadamente, el pecado impidió que fuera.

Pero Jesús, con su vida, muerte y resurrección se ha erigido en el primero de una nueva humanidad, como decía antes, es el prototipo, es el modelo, es el ejemplo.

Jesús nos invita a seguirle para ir restaurando nuestra vida. Su deseo es que seamos como Él, si me permites la expresión, su deseo es que seamos pequeños "Jesuses." No se trata de ser clones, imitaciones, burdas réplicas. Antes al contrario, se trata que seamos como Jesús imitando su manera de pensar, sus valores, sus prioridades, sus actitudes, su estilo de vida, eso sí, siempre expresándolo a través de nuestra personalidad única e irrepetible. Jesús, cuando quiere que seas como Él, no pretende anular tu singularidad, antes al contrario, potenciarla y desarrollarla al máximo.

Los libros del Nuevo Testamento fueron escritos, sin excepción, a las primeras comunidades de creyentes. Eran personas que habitaban la cuencia del mar Mediterráneo y que seguían a Jesús, en ocasiones, en situaciones extremas y difíciles. Estas primeras comunidades de peregrinos entendieron muy bien, que ser cristiano era ser similar a Jesús. Entendieron que seguirlo era imitarlo y que la vida cristiana consistía en ser más y más como Él.

Pablo, el apóstol, escribió a varias de estas comunidades en este sentido:

  • Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman, de quienes él ha llamado de acuerdo con su propósito. A los que de antemano Dios había conocido, los destino desde un principio a ser como su Hijo, para que su Hijo fuera el mayor entre muchos hermanos. (Romanos 8:28-29)
  • Hijitos míos, otra vez sufro dolores por vosotros, como los dolores de parto de una madre. Y seguiré sufriendo hasta que Cristo se forme en vosotros. (Gálatas 4:19)
  • Hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. De este modo alcanzaremos la madurez y el desarrollo que corresponde a la estatura perfecta de Cristo. (Efesios 4:12-13)

Pero, de forma práctica ¿Qué significa ser como Jesús? ¿Cómo se concretiza esa meta a la que aspiramos?

Dos sugerencias que pueden serte de gran ayuda: La primera, lee la carta que Pablo escribió a los cristianos que se reunían en la antigua ciudad de Efeso, hoy en día, la actual Turquía. Concretamente lee desde el capítulo 4 versículo 17 hasta el final. Pablo, de una manera muy específica te indicara qué significa ser como Jesús. Te animo a tomar papel y lápiz y apuntar lo que aprendas. Te puede ser de más ayuda el agruparlo por categorías: Actitudes, valores, motivaciones, conductas.

Una vez leído el texto y hecho el ejercicio piensa en aquellas cosas que Jesús debe desarrollar en tu vida ¡Sin duda queda mucho!

La segunda sugerencia, es que leas cada día un fragmento de los cuatro evangelios. Lo más fácil es comenzar con Mateo. Lee la cantidad de texto que desees. El propósito es observar a Jesús y tratar de identificar conductas, prioridades, valores, motivaciones, actitudes que puedas imitar. La mejor manera de ser como Jesús es observarlo e imitarlo.

Dos autores cristianos contemporáneos, Michael Frost y Alan Hirsch describen del siguiente modo el significado de ser como Jesús:

Seguir a Jesús implica mucho más que simplemente aceptarlo como Salvador por medio de algún tipo de oración o compromiso, sin importar cuán sincera esa oración pueda ser. Para seguir a Jesús debes imitarlo, usando su vida como norma para la tuya propia. A esta imitación de Jesús nosotros la llamamos convertirse en un "pequeño Jesús."

Cuando nos denominamos a nosotros mismos "pequeños Jesuses" no estamos afirmando tener el poder de caminar sobre el agua o morir por los pecados del mundo. No, ser un pequeño Jesús significa que adoptamos los valores que Jesús encarnó en su vida y en sus enseñanzas. Únicamente Jesús fue capaz de alimentar a miles de personas con pequeñas cantidades de pan y peces pero, como "pequeños Jesuses" podemos abrazar los valores de la hospitalidad y la generosidad. Tal vez no seamos capaces de predicar a las multitudes, pero podemos tomar el compromiso de hablar la verdad contra la mentira. No podemos morir por los pecados de nadie, pero podemos abrazar el desprendimiento, la carencia de egoísmo, el sacrificio y el sufrimiento.

Esperamos ver una conspiración de "pequeños Jesuses" esparcidos por todo el mundo, transformando sus comunidades del modo que Jesús transformó la suya.