En la anterior entrada vimos que en el libro de Génesis, de una manera poética, se nos narraba como el pecado, es decir, nuestra rebelión contra Dios y su autoridad, provocaba una ruptura en las relaciones entre los seres humanos.

Adán y Eva no enfrentaron de manera solidaria su responsabilidad por haber desobedecido a Dios, antes al contrario, Adán, si puede salvar el pellejo, no duda en culpar a Eva de lo sucedido ¡Sálvese quien pueda!

Vimos también como Dios anunció que una de las consecuencias de esa ruptura en las relaciones interpersonales sería que unos seres humanos dominarían a otros a consecuencia de la diferencia. Desde entonces, la historia ha sido triste testigo, de una multitud de situaciones en las que una parte de la humanidad ha abusado, explotado, maltratado, marginado e incluso exterminado a la otra parte por motivaciones religiosas, políticas, económicas, raciales, culturales, sociales.

Las páginas de la Biblia también dan testimonio de los efectos del pecado sobre las relaciones humanas.

CAÍN Y ABEL

Adán se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Y dijo: -He tenido un hombre gracias al Señor. Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel se dedicó a criar ovejas y Caín a labrar la tierra.

Al cabo de un tiempo Caín, presentó de los frutos del campo una ofrenda al Señor. También Abel le ofreció las primeras y mejores crías de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró del mismo modo a Caín y a la suya. Entonces Caín se irritó sobremanera y puso mala cara.

El Señor le dijo: - ¿Por qué te irritas? ¿Por qué has puesto esa cara? Si obraras rectamente llevarías la cabeza bien alta; pero como actúas mal el pecado está agazapado a tu puerta, acechándote. Sin embargo, tú puedes dominarlo.

Caín propuso a su hermano Abel que fueran al campo y, una vez allí, Caín atacó a su hermano y lo mató.

El Señor le preguntó a Caín: -¿Dónde está tu hermano Abel? El respondió -No lo sé ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? ¡Qué has hecho! La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Hay comentaristas que piensan que Caín y Abel fueron dos personajes históricos. Otros, indican que son una representación de los pueblos ganaderos y los pueblos agricultores y su secular enfrentamiento. No este el punto de discusión, sino comprobar como el pecado degrada las relaciones entre los seres humanos.

Podemos ver aquí el llamado "síndrome de Caín" la actitud de no considerarnos responsables de otros seres humanos, de volvernos indiferentes al sufrimiento, el dolor, la necesidad o las circunstancias que otros puedan atravesar.

El cainismo, el "síndrome de Caín" es una evidencia en tu vida y en la mía de ese proceso de ruptura en las relaciones interpersonales que ha provocado el pecado. Tal vez tú y yo no imitaremos a Caín en el asesinato de nuestro hermano, pero lo imitamos, demasiado a menudo, en nuestra indiferencia, desprecio y desinterés por él y sus necesidades.


¿Puedes identificar en tu propia vida evidencias del "síndrome de Caín"? ¿Qué piensas hacer al respecto?


ESAÚ Y JACOB


Y aconteció que siendo ya viejo Isaac, y sus ojos demasiado débiles para ver, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo:

-Hijo mío. Y él le respondió: Heme aquí. Y dijo Isaac: Mira, yo soy viejo y no sé el día de mi muerte. Ahora pues, te ruego, toma tu equipo, tu aljaba y tu arco, sal al campo y tráeme caza; y prepárame un buen guisado como a mí me gusta, y tráemelo para que yo coma, y que mi alma te bendiga antes que yo muera.

Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Y cuando Esaú fue al campo a cazar una pieza para traer a casa, Rebeca habló a su hijo Jacob, diciendo:

He aquí, oí a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciéndole: "Tráeme caza y prepárame un buen guisado para que coma y te bendiga en presencia del SEÑOR antes de mi muerte. "Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando. Ve ahora al rebaño y tráeme de allí dos de los mejores cabritos de las cabras, y yo prepararé con ellos un buen guisado para tu padre como a él le gusta.

Entonces se lo llevarás a tu padre, que comerá, para que te bendiga antes de su muerte. Y Jacob dijo a su madre Rebeca: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. Quizá mi padre me palpe, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición.

Pero su madre le respondió: Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío; solamente obedéceme, y ve y tráemelos. Y él fue, los tomó y los trajo a su madre; y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba. Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que tenía ella en la casa, y vistió a Jacob, su hijo menor; le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello, y puso el guisado y el pan que había hecho en manos de su hijo Jacob.

Entonces él fue a su padre, y dijo: Padre mío. Y éste respondió: Aquí estoy. ¿Quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Soy Esaú tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Levántate, te ruego. Siéntate y come de mi caza para que me bendigas. E Isaac dijo a su hijo:

¿Cómo es que la has encontrado tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque el SEÑOR tu Dios hizo que así me acaeciera. Isaac entonces dijo a Jacob: Te ruego que te acerques para palparte, hijo mío, a ver si en verdad eres o no mi hijo Esaú. Jacob se acercó a Isaac su padre, y él lo palpó y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú. Y no lo reconoció porque sus manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y lo bendijo.

Y le preguntó: ¿Eres en verdad mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy.Entonces dijo: Sírveme, y comeré de la caza de mi hijo para que yo te bendiga. Y le sirvió, y comió; le trajo también vino, y bebió. Y su padre Isaac le dijo: Te ruego que te acerques y me beses, hijo mío. Y él se acercó y lo besó; y al notar el olor de sus vestidos, lo bendijo, diciendo:

He aquí, el olor de mi hijo es como el aroma de un campo que el SEÑOR ha bendecido. Dios te dé, pues, del rocío del cielo, y de la grosura de la tierra, y abundancia de grano y de mosto. Sírvante pueblos, y póstrense ante ti naciones; sé señor de tus hermanos, e inclínense ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldigan, y benditos los que te bendigan.

Y sucedió que tan pronto como Isaac había terminado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú llegó de su cacería. Y también él hizo un buen guisado y lo trajo a su padre, y dijo a su padre:

Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que tú me bendigas. Y su padre Isaac le dijo: ¿Quién eres? Y él respondió: Soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. Y tembló Isaac con estremecimiento muy grande, y dijo: ¿Quién fue entonces el que trajo caza, antes de que tú vinieras, y me la trajo y yo comí de todo, y lo bendije? Sí, y bendito será.

Al oír Esaú las palabras de su padre, clamó con un grande y amargo clamor, y dijo a su padre: ¡Bendíceme, bendíceme también a mí, padre mío! Y él respondió: Tu hermano vino con engaño, y se ha llevado tu bendición.

Y Esaú dijo: Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado estas dos veces. Me quitó mi primogenitura, y he aquí, ahora me ha quitado mi bendición. Y añadió: ¿No has reservado una bendición para mí? Pero Isaac respondió, y dijo a Esaú:

He aquí, yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus parientes; y con grano y mosto lo he sustentado. En cuanto a ti ¿qué haré, pues, hijo mío? Y Esaú dijo a su padre: ¿No tienes más que una bendición, padre mío? Bendíceme, bendíceme también a mí, padre mío. Y Esaú alzó su voz y lloró.

Entonces su padre Isaac respondió, y le dijo: He aquí, lejos de la fertilidad de la tierra será tu morada, y lejos del rocío que baja del cielo. Por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; mas acontecerá que cuando te impacientes, arrancarás su yugo de tu cerviz.

Esaú, pues, guardó rencor a Jacob a causa de la bendición con que su padre lo había bendecido; y Esaú se dijo: Los días de luto por mi padre están cerca; entonces mataré a mi hermano Jacob.

¿Qué matices de la ruptura en la relación entre las personas puedes observar en la historia de Esaú y Jacob? ¿Qué tipo de relaciones tenían los padres entre sí? ¿Qué relación mantenían los hermanos entre ellos? ¿Y los padres con los diferentes hermanos (Génesis 25:28)?

La historia de Caín y Abel nos hablaba del dolor físico que un hermano puede producir a otro. Pero la ruptura en las relaciones interpersonales producida por el pecado también produce dolor emocional. Sin duda, lo has experimentado o, quizás, lo estés experimentando en estos momentos.

La historia de Esaú y Jacob nos habla precisamente de este tipo de dolor, del dolor emocional. De sentirse engañado, estafado por otros. Pero lo podríamos hacer extensivo a las veces que nos hemos sentido decepcionados, maltratados, abandonados, frustrados, incomprendidos o abusados por la forma en que otros nos han tratado. Cuando las expectativas que teníamos acerca de cómo otros debían tratarnos se han visto defraudadas.

Pero eso mismo es verdad en el sentido contrario, cuántas veces nosotros hemos tratado así a otros.