Hemos hablado en varias ocasiones que cuando el ser humano decidió rebelarse contra Dios y declararse independiente de Él, se produjeron en la experiencia humana cuatro grandes rupturas: en la relación con el mismo Dios, con la naturaleza, del ser humano consigo mismo y, finalmente, con otros seres humanos.

Cuando Jesús nos invita a seguirle lo hace para poder restaurar en nosotros esas cuatro grandes rupturas provocadas por nuestra rebelión. Ya vimos como ha restaurado nuestra relación con Dios. Por medio de esta y otras entradas veremos cómo restaura nuestra relación con otros seres humanos.

En Génesis capítulo 3 y 4 podemos ver el comienzo de esta fractura en las relaciones interpersonales.

El hombre y su mujer oyeron que Dios el Señor andaba por el jardín a la hora en que sopla el viento de la tarde, y corrieron a esconderse de Dios entre los árboles del jardín. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó:
-¿Dónde estas?
El hombre contestó:

-Oí que andabas por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.
Entonces Dios le preguntó:
-¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras?
El hombre contestó:
-La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto y yo lo comí.

Cuando Adán y Eva son cuestionados por Dios acerca de su responsabilidad por haber desobedecido el mandamiento que les había dado, Adán no duda en culpar a Eva y tratar, de este modo, de quitarse de encima el muerto. En vez de, solidariamente, afrontar las consecuencias de sus propias acciones libremente tomadas. Adan no duda en culpar a Eva para salvar su miserable pellejo.

El relato de Génesis sólo pretende ilustrarnos de una forma poética una realidad trágica., que las relaciones entre los seres humanos están fracturadas y son terriblemente difíciles.

Todos nosotros hemos experimentado en el pasado, tal vez estemos experimentando en estos momentos y, sin duda, lo experimentaremos en el futuro, cuán difíciles, complejas y delicadas son las relaciones interpersonales. No únicamente con las personas desconocidas, sino incluso entre aquellas que el sentido común nos indica que deberían ser más fáciles, padres, hijos, hermanos, familiares, esposos, amigos, etc.

El pecado rompe nuestras relaciones y nos enfrenta con otros seres humanos. Además, el pecado provoca el abuso y la opresión de unas personas sobre otras. Vamos a leerlo.

A la mujer le dijo:
-Multiplicaré sobremanera las molestias en tus embarazos, y con dolor parirás a tus hijos. Tendrás ansía de tu marido y él te dominará.
(Génesis 3:16)

Dios es quien habla en este pasaje. Le indica a la mujer cuáles serán las consecuencias de su actitud de rebelión contra Dios. Previamente lo había hecho con el hombre.


Dios le indica a Eva que su marido la dominará. De nuevo, Génesis nos está explicando de forma poética, el porqué la humanidad vive del modo en que vive. Génesis nos indica que la fractura en las relaciones interpersonales provocada por el pecado se manifiesta en unos seres humanos dominando a otros seres humanos.

No es lo que Dios pensó y planeó. Recordemos que la relación entre Adán y Eva era armónica antes de su desobediencia. Es lo que el pecado ha provocado.

Desde entonces podemos ver como el dominio, el abuso y la explotación de unos seres humanos por parte de otros ha sido una constante. Lo ha sido por razones económicas, sociales, religiosas, culturales, de género, étnicas, nacionales y un largo y largo etcétera. La diferencia ha sido excusa, motivo y oportunidad para la dominación.

El apartheido en Africa del Sur, le feudalismo durante la Edad Media, la explotación sexual de niños y mujeres, el trabajo infantil, el sistema de castas en India, las limpiezas étnicas en diferentes países en diferentes épocas, el Holocausto nazi y un largo etcétera que casi no acabaría, son evidencias de cómo el pecado ha roto las relaciones entre los seres humanos.