Hoy vamos a continuar profundizando en las maneras en que podemos ser agentes de restauración en un mundo roto. Pero antes de hacerlo me gustaría recordarte una promesa de Jesús que aparece en el evangelio que escribió Juan en el capítulo 10.

En este capítulo, por tres veces, Jesús afirma que sus seguidores tendrán la capacidad de oír su voz. Por tanto, lo único que necesitas hacer es guardar silencio y escuchar lo que Él quiera decirte por medio de esta entrada del blog.

Habla con Jesús, pídele que te ayude a escucharle. Que hable a tu corazón.

Hemos visto varias razones por las cuales deberíamos compartir la buena noticia de Jesús con otros, porque es un mandamiento, porque las personas no tienen futuro sin Jesús y porque las amamos. Hoy me gustaría que pudiéramos ver una última razón, por sentido de responsabilidad.

SOMOS RESPONSABLES

La vida en la antigüedad no era nada fácil y estaba plagada de peligros, por esta razón, para poder protegerse las ciudades estaban rodeadas de fuertes y sólidas murallas.

Estas poderosas fortifcaciones estaban salpicadas de torres para los centinelas. Normalmente, en toda fortificación que se preciara de tal, estaba la torre más alta, la atalaya. Esta jugaba un papel muy importante en todo el esquema defensivo de la ciudad debido a que era la más alta y tenía, por tanto, la mejor visibilidad.

En tiempo de peligro o guerra era básico que el vigía diera la voz de alarma ante la presencia del enemigo. La alarma permitía cerrar las puertas de la ciudad y proteger a ésta y a los habitantes de la catástrofe.

Si el centinela no alertaba de la presencia del enemigo la ruina de la población era segura e inevitable. La muerte de todos los habitantes hubiera caído sobre la conciencia de aquel centinela que no fue responsable con el deber encomendado. Casos se dieron en la antigüedad en que los vigilantes, comprados por el enemigo, cometieron traición y no anunciaron el peligro inminente.

Sin embargo, si aquel centinela hubiera dado la señal de atención y la ciudad no hubiera reaccionado, la catástrofe estaba igualmente asegurada, pero el guardián no sería responsable de aquella ruina. El cumplió con la tarea encomendada.

Dios nos habla de nuestra responsabilidad de anunciar la buena noticia a un mundo necesitado. Por medio del profeta Ezequiel se expresó de este modo:

-Hijo de hombre, te convierto en vigía de Israel. Cuando me oigas hablar les darás la alarma de mi parte. Si yo dicto sentencia de muerte contra el malvado y tú no lo pones sobre aviso instándolo a que abandone su mala conducta, para que pueda así seguir con vida, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuentas de su vida. En cambio, si pones sobre aviso al malvado pero no se convierte de su mala conducta, él morirá por su culpa, pero tu habrás salvado tu vida. (Ezequiel 3:17-19)

Somos vigías para las personas de nuestro entorno y nuestra generación. Es nuestra responsabilidad, que debe nacer de nuestro interés genuino por ellas, avisarles de la situación en que se encuentran ante Dios. De no hacerlo, Jesús nos pedirá cuentas por no haber cumplido la comisión recibida y la suerte de esas personas estará sobre nuestras conciencias.

Pablo, escribiendo a las comunidades cristianas de la cuenca del Mediterráneo les decía que las personas no pueden aceptar a Jesús y su plan de restauración si no tienen conocimiento de ello y, por tanto, la oportunidad de considerar y responder a la buena noticia. Pero eso, es imposible, a menos, que los seguidores de Jesús lo compartamos con ellos.

Piensa en lo que has leído. Piensa en lo dicho al comienzo de esta entrada acerca de escuchar la voz de Jesús. ¿Qué te dice Jesús acerca de las personas necesitadas de escuchar la buena noticia? ¿Qué te dice acerca de tu responsabilidad? ¿Qué debes hacer al respecto?