Antes de comenzar la lectura de esta entrada quiero pedirte que tomes unos momentos para hablar con Jesús acerca de las personas en tu círculo de influencia que necesitan conocerlo y llegar a ser seguidores suyos. Pide por ellos, por sus rupturas, vuelve a insistir en que Jesús te pueda usar como agente de restauración en sus vidas, sólo entonces tendrá sentido lo que leerás a continuación.

Quiero hacerte partícipe de algunas razones para compartir la buena noticia con esas personas por las que acabas de orar.


JESÚS ESPERA QUE NOS UNAMOS A EL EN SU TAREA DE RECONCILIAR A LAS PERSONAS CON DIOS.

¿Recuerdas las palabras que leímos de Pablo? Es como si Dios le pidiera al mundo, por medio nuestro, que se reconciliara con El.

Jesús, momentos antes de ascender al cielo después de su resurrección afirmó:

Entonces Jesús se acercó y les dijo: -Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Así que id y haced seguidores en todas las naciones. Bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a obedecer todo lo que yo os he mandado. Tened presente que yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. (Mateo 28:18-20)

Jesús ha sido muy claro en sus intenciones, desea que la buena noticia pueda ser conocida por todas las personas para que puedan ser seguidoras suyas y, de este modo, ver restauradas sus vidas.

No es preciso que te vayas fuera de tu ciudad o país para hacerlo. Jesús afirmó que deberíamos comenzar con esta tarea en nuestro propio ambiente. En el libro de Hechos, Jesús afirmó:

Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, recibiréis poder. Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la región de Judea, en Samaria y en todo el mundo. (Hechos 1:8)

Los seguidores de Jesús siempre han interpretado estas palabras de Jesús en el sentido que nuestra Jerusalén es nuestro propio medio ambiente, nuestro hogar, nuestra fábrica, nuestra oficina, nuestra universidad, nuestros amigos.

Jesús afirma que somos sus testigos ¿Qué es un testigo? Sencillamente aquel que explica lo que ha visto, oído, experimentado. Eso es precisamente lo que espera de cada uno de nosotros. Compartir con otros la buena noticia, colaborar con él en el trabajo de restaurar y reconciliar con Dios a las personas es un mandamiento de Jesús. La obediencia de sus mandamientos nos demuestra a nosotros mismos nuestro grado de compromiso con el seguimiento de Jesús. Lo expresó con estas palabras:

Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos. (Juan 14:15)

El que realmente me ama conoce mis mandamientos y los obedece. Mi padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él. (Juan 14:21)


LAS PERSONAS NO TIENEN FUTURO SIN JESÚS

Todos nosotros hemos decidido vivir al margen de Dios, darle la espalda y seguir nuestro propio camino. Consecuentemente, estamos experimentando en nuestras vidas las repercusiones, nuestra relación con Dios está rota, nosotros mismos estamos rotos, nuestras relaciones están fracturadas y destruimos la creación de Dios.

Tú y yo somos personas en proceso de cambio. Mientras seguimos a Jesús él va restaurando en nosotros todas las piezas rotas de nuestra vida y las recompone, pero ¿Qué sucede con aquellos que no le conocen?

Dios, por medio de Jesús ha hecho todo lo posible para que la reconciliación entre él y el ser humano sea posible. Si visualizas la reconciliación con Dios como un puente sobre un abismo, Jesús ha caminado hasta la mitad del puente, nos invita a caminar la parte del camino que nos corresponde, nos invita pero no nos fuerza.

De persistir en nuestra negativa de acercarnos a él quedamos a merced de las consecuencias de nuestras propias decisiones. Pablo describe la situación de la persona sin Dios de esta manera:

Vosotros, antes, estabais muertos a causa de las maldades y pecados en que vivíais, pues seguíais el ejemplo de este mundo y hacíais la voluntad de aquel espíritu que domina en el aire y que anima a los que desobedecen a Dios. De esa manera vivíamos también todos nosotros en otro tiempo, siguiendo nuestros propios deseos y satisfaciendo los deseos de nuestra naturaleza pecadora y de nuestros pensamientos. A causa de esa naturaleza merecíamos el terrible castigo de Dios, igual que los demás. Pero Dios es tan misericordioso y nos amó tanto, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. (Efesios 2:1-5)

Entiendo que nos cueste pensar acerca de las personas que amamos en estos términos. Sin embargo, lo cierto es que están muertos espiritualmente. El pecado, no sólo los mantiene separados de Dios, sino que les impide acercarse a El y les continuará separando, haciéndoles merecedores del juicio después de su muerte.

Su situación es tan desesperada que esta es la razón por la cual Dios puso en marcha este fantástico plan para reconciliar al hombre consigo mismo. Plan en el que desea que tú y yo colaboremos como agentes de restauración y reconciliación.

Jesús les dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se llega al Padre. (Juan 14:6)

Por esto os dije que moriréis en vuestros pecados; porque a menos que creáis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. (Juan 8:24)

Al principio de esta entrada te pedía que hablaras con Jesús de las personas de tu círculo de influencia. Quisiera pedirte que acabes del mismo modo, pidiendo por ellos teniendo en cuenta todo lo que has leído.