1 PEDRO 2: 1-8

 1 Por lo tanto, despójense de toda clase de maldad, todo engaño, hipocresía y envidia, y toda clase de chismes. 2 Como niños recién nacidos, busquen con ansia la leche espiritual pura, para que por medio de ella crezcan y tengan salvación, 3 ya que han gustado la bondad del Señor.[a]

    4 Acérquense, pues, al Señor, la piedra viva que los hombres desecharon, pero que para Dios es una piedra escogida y de mucho valor. 5 De esta manera, Dios hará de ustedes, como de piedras vivas, un templo espiritual, un sacerdocio santo, que por medio de Jesucristo ofrezca sacrificios espirituales, agradables a Dios. 6 Por eso también dice la Escritura:
"Yo pongo en Sión una piedra
que es la piedra principal,
escogida y muy valiosa;
el que confíe en ella no quedará defraudado."[b]

7 Para ustedes, que creen, esa piedra es de mucho valor; pero para los que no creen se cumple lo que dice la Escritura:
"La piedra que los constructores despreciaron,
se ha convertido en la piedra principal."[c] 8 Y también esto otro:
"Una roca, una piedra con la cual tropezarán."[d]

Pues ellos tropiezan al no hacer caso del mensaje: ese es su merecido.

 

Pedro comienza este segundo capítulo de su carta hablando de los seguidores de Jesús como piedras vivas de un templo espiritual del cual Cristo es la piedra angular sobre la cual todo el edificio es construido. Además, los creyentes somos identificados como sacerdotes que llevamos a cabo un culto espiritual dedicado a Dios.

Estos versículos, en apariencia tan simples y sencillos sientan las bases de unos principios teológicos muy importantes y, desgraciadamente, poco practicados. El primer principio es que los seguidores de Jesús no tienen templos, son ellos los que constituyen un templo vivo en el cual vive Dios por medio de su Espíritu Santo. Esto contraste con nuestra tendencia a considerar los locales donde nos reunimos como templos y el uso, una y otra vez, de la expresión, la casa de Dios, para referirnos a los mismos. Si sólo fuera una cuestión de lenguaje estaría bien, desgraciadamente hay algo más profundo, es la idea, consciente o no, de que lo realmente importante pasa en aquellos lugares y, por tanto, valoramos la espiritualidad de las personas en función del número de veces que aparecen por "el santuario".

El segundo principio es que los seguidores de Jesús constituyen todos ellos -sin excepción- un gremio de sacerdotes que, como todos los sacerdotes de todos los tiempos y religiones, presentan los hombres ante Dios y a este ante los hombres. No importa si estás dedicado o no a tiempo completo a lo que habitualmente llamamos el ministerio cristiano, eres un sacerdote con el mismo rango, calidad y llamado que aquel, como es mi caso, que ha estudiado años de teología en un seminario. Tristemente también en esto nuestra práctica se distancia de la enseñanza bíblica. Más y más estamos haciendo de aquellos dedicados a tiempo completo "una raza especial" y en la práctica por encima del común de los mortales. A veces siento que en nuestras comunidades pasa lo mismo que sucede con la iglesia católica, la tradición se va imponiendo sobre la Escritura.

 

UN PRINCIPIO

Somos templo y a la vez sacerdotes.

UNA PREGUNTA

¿Qué implicaciones tiene eso para tu vida cotidiana?