1 PEDRO 5: 5-14

5 De la misma manera, ustedes los jóvenes sométanse a la autoridad de los ancianos. Todos deben someterse unos a otros con humildad, porque: 
    "Dios se opone a los orgullosos, 
    pero ayuda con su bondad a los humildes."[c] 6 Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los enaltezca a su debido tiempo. 7 Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes.

    8 Sean prudentes y manténganse despiertos, porque su enemigo el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar. 9 Resístanle, firmes en la fe, sabiendo que en todas partes del mundo los hermanos de ustedes están sufriendo las mismas cosas. 10 Pero después que ustedes hayan sufrido por un poco de tiempo, Dios los hará perfectos, firmes, fuertes y seguros. Es el mismo Dios que en su gran amor nos ha llamado a tener parte en su gloria eterna en unión con Jesucristo. 11 A él sea el poder para siempre. Amén.

Despedida

 12 Por medio de Silvano, a quien considero un hermano fiel, les he escrito esta breve carta, para aconsejarlos y asegurarlos que las bendiciones que han recibido son prueba verdadera del amor de Dios. ¡Permanezcan fieles a ese amor!

    13 La iglesia que está en Babilonia,[d] la cual Dios ha escogido lo mismo que a ustedes, les manda saludos, y también mi hijo Marcos. 14 Salúdense unos a otros con un beso de amor fraternal.

    Tengan paz todos ustedes, los que pertenecen a Cristo.

 

Pues se acabó la carta de Pedro a los seguidores de Jesús. El final llega con un mensaje muy adecuado para los tiempos de crisis como el nuestro, consejos para manejar la ansiedad. La ansiedad, según el diccionario, es un estado de inquietud, zozobra y desasosiego. Es una respuesta de nuestro organismo y psique ante una amenaza real y o ficticia, ante algo que puede suceder, o no, en el futuro. Alguien dijo que es pagar intereses por una deuda todavía no contraída.

Lo cierto es que la ansiedad es una realidad y se estima que el 20% de la población española la padece, lo cual significa la bonita cifra de cerca de diez millones de personas. Del mismo modo, todos nosotros, de una manera u otra la padecemos de forma puntual. Sólo hay tres respuestas posibles ante la ansiedad. La primera, es darle rienda suelta y caer en ese estado de desasosiego permanente del que antes hablaba. Esta respuesta es dañina y puede crearnos muchas dificultades para manejar la vida. La segunda, es reprimirla, no querer pensar o, como algunos cristianos hacen, considerar que un seguidor de Jesús no debería tener esos pensamientos, ni estar preocupado por el futuro, ni temer que se materialicen determinadas situaciones, etc., etc. Esta respuesta, sin embargo, también es negativa porque aquello que se reprime se somatiza y de una manera u otra sale.

Hay una tercera vía que es la auténticamente saludable, echar toda nuestra ansiedad sobre el Señor sabiendo que tiene cuidado de nosotros. Esa es la invitación que hace Pedro. Es saludable porque le damos nombre a nuestros miedos, verbalizamos lo que sentimos, lo que nos preocupa, lo que nos produce miedo. Es saludable porque no nos quedamos únicamente en ello, sino que lo compartimos con el Señor sabiendo dos cosas importantes, la primera, que se preocupa por nosotros y puede entenderlo. La segunda, que puede hacer algo al respecto porque está al caso de todo lo que precisamos y necesitamos.

 

Un principio

Echar toda nuestra ansiedad sobre Él

Una pregunta

¿Qué situaciones o áreas de ansiedad debes echar sobre Él en el día de hoy?