1 JUAN 3:4-10

4 Cualquiera que comete pecado quebranta la ley de Dios, porque el pecado supone quebrantamiento de esa ley.

 5 Además, sabéis que él apareció como hombre para quitar nuestros pecados, y que jamás cometió pecado alguno.

 6 Por lo tanto, nadie que permanece en él sigue pecando; y al contrario, ninguno que sigue entregado al pecado le ha visto ni le ha conocido.

 7 Hijitos, no dejéis que nadie os engañe: cuando uno se conduce con rectitud, demuestra ser justo como él lo es.

 8 Pero todo el que persiste en practicar el pecado demuestra pertenecer al diablo, que desde el principio y hasta ahora no ha dejado de pecar. ¡Pero el Hijo de Dios vino a destruir las obras del diablo!

 9 El que es nacido de Dios no persiste en la práctica del pecado, porque en él permanece la vida de Dios: no puede estar entregado al pecado, porque ha nacido de Dios.

 10 Por la manera en que cada cual se manifiesta, se conoce quién es hijo de Dios y quién es hijo del diablo: el que no se conduce rectamente y no ama a su hermano, no es de Dios.

Persistir en la práctica del pecado, esta es la cuestión, aquí está el conflicto y en eso consiste el reto. Entiendo que el pecado siempre será una realidad en nuestras vidas porque somos seres fracturados, rotos, no somos lo que deberíamos ser. También entiendo que precisamente, como ayer escribía, estamos en el proceso de ser más como Jesús, lo que equivale a decir más como deberíamos haber sido. También entiendo que cuando el pecado -quebrantar consciente o inconscientemente la ley de Dios- aparece en mi vida debo actuar en consecuencia y el mismo Juan me enseña que la manera adecuada es pedir perdón por medio de la confesión.
Creo que en este pasaje Juan habla de cuando decidimos, por la razón que sea, no actuar frente al pecado y no hacemos nada al respecto. Cuando somos conscientes de que algo está mal pero persistimos en ello debido a la gratificación que nos produce o al hecho que nos sentimos a gusto o nos conviene por cualquier que sea la razón. Entonces es cuando practicamos el forma consciente el pecado y eso entra en contradicción con nuestro seguimiento de Jesús. Es, en mi opinión, a esto a lo que se refieren estos versículos de la carta que escribió Juan.
Además, hemos de tener en cuenta otro factor, el poder adictivo que tiene el pecado. La práctica continuada del mismo nos lleva a que se convierta en un hábito, en una respuesta a una situación y poco a poco vaya echando raíces en nuestra experiencia humana y llegue, eventualmente, un momento que ya no nos sea posible desarraigarlo porque nos ha convertido en sus esclavos. Creo que hemos de tener en cuenta a la hora de persistir en una actitud de pecado -es decir, una práctica continuada a lo largo del tiempo- el poder adictivo y esclavizante del mismo.
Un principio
No podemos persistir en actitudes de pecado, son contrarias a nuestro seguimiento de Jesús.
Una pregunta
Al pensar en tu vida a la luz de estos versículos ¿Qué se refleja?