1 JUAN  2:24-29

24 Permaneced, pues, firmes en vuestra fe, en todo lo que fuisteis instruidos desde el principio; así permaneceréis siempre en comunión con el Padre y con el Hijo.

 25 Porque en esto, en la vida eterna, consiste la promesa que nos hizo Jesucristo.

 26 Os escribo ahora estas cosas para que tengáis una clara referencia acerca de los que tratan de engañaros.

 27 Pero como vosotros habéis recibido el Espíritu Santo, y él permanece en vosotros, ya no tenéis necesidad de que se os siga instruyendo; porque el Espíritu Santo, que es la verdad jamás falseada, os ha enseñado a vivir en Cristo, en quien siempre debéis permanecer.

 28 Ahora pues, hijitos, permaneced en comunión con él, para que cuando regrese y se manifieste tengamos todos confianza, y ninguno de nosotros, avergonzado, haya de apartarse de su lado.

 29 Si sabéis que él es justo, entended igualmente que todo el que practica la justicia es nacido de él.

 

Lo que más ha llamado mi atención al leer este pasaje ha sido el llamado del apóstol a la fidelidad en la observancia del mensaje. De hecho, está en línea con mucho de lo ya leído en esta carta a los seguidores de Jesús. Fidelidad tiene la connotación de consistencia y persistencia en el vivir las enseñanzas de Jesús, un mensaje que nos habla de un mundo diferente y una humanidad diferente que comienza por los cambios que se producen en nuestra vida.

Mentalmente lo visualizo como continuamente mantenerme en la misma carretera haciendo caso omiso de la posibilidad de pararme en los diferentes pueblos que hay en el camino o tomar rutas alternativas, algunas de destino incierto y otras, claramente, que me desvían de mi objetivo final.

La fidelidad es un valor a la baja en el mercado de los valores y los estilos de vida. Supongo que por eso el evangelio, la buena noticia, es una invitación a vivir contracorriente.

 

Un principio

Llamados a ser fieles en el seguimiento de Jesús.

Una pregunta

¿Qué resultado daría una prueba de fidelidad de tu seguimiento de Jesús?