1 JUAN 2:12-17

 12 Estas cosas os escribo, hijitos, porque Dios ha perdonado vuestros pecados en el nombre de Jesús.

 13 Os escribo a vosotros, padres, porque en verdad conocéis a Cristo, que existe desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis luchado contra el maligno y lo habéis vencido.Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis llegado a conocer a Dios, nuestro Padre.

 14 Os he escrito, pues, a vosotros, padres, porque habéis conocido a Cristo, que existe desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, porque el mensaje de Dios ha arraigado en vuestros corazones y porque habéis luchado contra el maligno y lo habéis vencido.

 15 No améis al mundo ni las cosas que el mundo pueda ofreceros, pues el que ama al mundo no da lugar al amor del Padre.

 16 Las cosas que hay en este mundo, como son los deseos carnales los deseos de los ojos y la soberbia, no proceden del Padre sino del propio mundo,

 17 un mundo pasajero que un día desaparecerá llevándose consigo las codicias que en él hay. En cambio, a quienes hacen la voluntad de Dios les está reservado permanecer para siempre.

 

La idea central de este pasaje es no amar al mundo. Mundo, en el Nuevo Testamento, significa o viene a describir el actual sistema social, económico, cultural, político en incluso religioso en el que nos ha tocado vivir. Un sistema que tiene su manera de entender y vivir la vida, sus prioridades, valores, estructuras mentales, actitudes, símbolos y un largo etcétera. Es una auténtica cosmovisión que, como indicaba un poco más arriba, moldea nuestra forma de entender la vida e interactuar con ella.

Por otro lado nosotros, los seguidores de Jesús, pertenecemos al Reino que está aquí pero todavía no es manifiesto del todo. El Reino tiene su propia cosmovisión con todo las implicaciones y nosotros resulta que vivimos, por decirlo de alguna manera, con una doble ciudadanía práctica, aunque en el plano jurídico y teórico nuestra ciudadanía sea exclusivamente del Reino.

Vivir en dos esferas, en dos reinos, plantea un escenario de tensión y lucha ya que ambos reinos pugnan por nuestra fidelidad y mientras el Espíritu que mora en nosotros claramente identifica lo que agrada a Jesús, el Señor, y se quiere mover en esa dirección, en la dirección del Reino de Dios, el mundo, con toda su parafernalia apela a nuestra vida afectada por el pecado y deseosa de vivir al margen de Dios.

Tensión y lucha serán las características de nuestra vida personal. La Biblia nos anima a reconocer la existencia de este conflicto y a no ceder al mismo. Nos recuerda también la imposibilidad de llegar a compromisos con el mundo porque sería enfrentarnos al Padre y su amor por nosotros.

 

Un principio

Vivimos en la tensión entre dos reinos.

Una pregunta

¿Cómo resuelves habitualmente esta tensión?