1 JUAN 2:7-11

 7 Hermanos, no os estoy escribiendo ningún mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, el que habéis tenido desde el principio: el mensaje que ya escuchasteis.

 8 Sin embargo, no deja de ser un nuevo mandamiento, porque es una realidad siempre presente en Cristo y en vosotros, y porque, en tanto que lo cumplimos, las tinieblas de nuestra vida se van disipando para dar paso a la luz verdadera que ya comienza a alumbrar.

 9 El que dice que anda en la luz, pero odia a su hermano, sigue estando en tinieblas.

 10 El que ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza en el camino;

 11 en cambio, el que odia a su hermano está en tinieblas y camina a ciegas en medio de la oscuridad, sin saber hacia dónde dirigir sus pasos.

 

Juan indica la imposibilidad de afirmar que vivimos en la luz, es decir, cerca de Dios, en sus pasos, siguiéndole y, al mismo tiempo, no amando a nuestro hermano, Sencillamente no puede ser. De hecho, una de las evidencias de que realmente estamos en comunión con Dios es nuestro amor hacia nuestros hermanos.

Juan habla del amor ágape. Juan no está diciéndonos que hemos de tener sentimientos cálidos y positivos hacia nuestro hermano. Agape no tiene nada que ver con las emociones, es un amor que nace de la voluntad, que es intencional, que busca el bien del otro aunque.... este no sea digno, no lo merezca. Aunque su conducta lo que realmente merezca es todo lo contrario, es decir, odio y pagarle con la misma moneda. Pero, precisamente, el ofrecer amor, es decir buscar intencionalmente el bien de esa persona, es una manera en que imitamos a Jesús, el Señor y no olvidemos que como Juan dice esta imitación es uno de los imperativos del seguidor del Maestro.

 

Un principio

El amor al hermano, al que lo merece y al que no, es una de las evidencias de caminar cerca de Dios.

Una pregunta

¿A quién en tu entorno deberías estar amando?