1 JUAN 5:1-5

1 Todo el que cree que Jesús es el Cristo, es hijo de Dios; y todo el que ama a un padre, ama también al hijo engendrado por él.

 2 En esto podemos saber que amamos a nuestros hermanos, que son hijos de Dios lo mismo que nosotros: si amamos a Dios y guardamos sus mandamientos.

 3 Porque amar a Dios significa guardar sus mandamientos, que no son difíciles de cumplir.

 4 Cualquiera que ha nacido de Dios vence al mundo; pero esta victoria únicamente puede obtenerse por la fe,

 5-6pues nadie puede salir victorioso en la lucha contra el mal, sino sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.


No nos engañemos afirma Juan con su habitual manera de razonar, amar a Dios consiste en guardar sus mandamientos. A menudo, preferimos creer que es posible amar al Señor y, al mismo tiempo, desobedecer sus mandamientos de forma consciente e intencional. Porque aquí, la desobediencia de la que habla el apóstol no es la puntual, es decir, aquella que sucede pero a la que somos capaces y prestos a responder por medio de la confesión y el arrepentimiento. Aquí se habla de una actitud de pecado, de permitirlo en nuestra vida de forma consciente y voluntaria.

Juan afirma que los mandamientos de Dios no son difíciles. Es cierto. En ocasiones, los mandamientos más complicados y pesados no provienen del Señor sino de nuestras propias tradiciones religiosas que han impuesto peajes culturales y sociales al puro y simple seguimiento de Jesús. Los mandamientos del Señor son un reflejo de su carácter y tienen como finalidad bendecirnos y ayudarnos a ser el hombre nuevo para lo cual Jesús, el Señor, vino y murió. Obedecer los mandamientos es amar al Señor, es volvernos más como Jesús y cuando nos volvemos más similares a Él nos volvemos más humanos.

 

Un principio

Amar a Dios es obedecer sus mandamientos

Una pregunta

¿Cómo están tus niveles de amor hacia Dios?