1 JUAN 4:13-18

13 Porque él nos ha dado su Santo Espíritu como testimonio de que nosotros permanecemos en él, y él en nosotros.

 14 Además, con nuestros propios ojos hemos visto (y así lo proclamamos) que Dios Padre envió a su Hijo para ser el Salvador del mundo.

 15 Todo aquel que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

 16 Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él porque lo hemos sentido en nosotros mismos. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

 17 Así pues, si el amor de Dios está en nosotros como una realidad perfecta, nosotros seremos imagen suya en este mundo y estaremos en condiciones de aguardar con absoluta confianza el día del juicio.

 18 El amor no deja lugar al temor, porque cuando el amor alcanza su perfección, desplaza al temor. El que teme es aquel que espera recibir alguna suerte de castigo, esto es, aquel en cuyo corazón el amor no es una realidad perfecta.

 

Este es un pasaje muy rico en contenido. Juan comparte con nosotros varias realidades importantes. Primera, Dios nos ha hecho partícipes de su Espíritu. Tiene sentido, si Jesús vive en nosotros lo hace por medio de su Espíritu. Segundo, el Padre ha enviado a su hijo a salvar al mundo. Tercero, sabemos que Dios nos ama y, por eso, tenemos puesta nuestra confianza en Él. Cuarto, el amor echa fuera todo tipo de temor. Tener temor es un signo manifiesto de no haber entendido el amor.

Para mí la enseñanza más importante ha sido que Dios envió a su hijo para salvar al mundo. Al igual que en el conocido pasaje de Juan 3:16, escrito por el mismo autor, la palabra que nosotros hemos traducido por mundo es el término griego kosmon que, literalmente, significa todo lo creado por Dios. Es importante este concepto puesto que el pecado fue una catástrofe de dimensiones cósmicas, afectó a todo lo creado por Dios. Del mismo modo, la salvación tiene una dimensión cósmica y afecta a todo el cosmos, a todo lo creado por Dios. Mientras que el resto de la creación sufre de forma pasiva las consecuencias del pecado del ser humano, este tiene la capacidad de aceptar o rechazar el trabajo restaurador del Señor.

Y eso es precisamente lo que nosotros hemos experimentado y hemos proclamado que Jesús vino para que toda la creación pueda ser salvada, restaurada a la posición previa a la caída del ser humano. Este es a la vez el privilegio que se nos ha dado a los seguidores de Jesús, colaborar con Él en este proceso restaurador.

 

Un principio

Jesús vino para salvar todo lo creado por Dios y afectado por el pecado.

Una pregunta

¿Cómo se manifiesta en tu vida este rol de colaborador de Jesús en el proceso restaurador?