1 JUAN 4:11-12

 11 Amados, puesto que Dios nos ha amado hasta tal punto, también debemos amarnos unos a otros.

 12 Porque aunque nunca ha visto nadie a Dios, ejercitando el mutuo amor fraternal permanece Dios en nosotros, y su amor es una realidad perfecta en nuestro corazón.

Esta exhortación de Juan es una consecuencia directa de lo que nos explicó en los versículos anteriores. Si Dios es amor -ágape- así pues también nosotros debemos amarnos -con amor ágape- los unos a los otros. Amarnos como el Señor nos amó a nosotros por medio de Cristo, es decir, tomando la iniciativa, como un acto de la voluntad, sin esperar nada a cambio de forma totalmente incondicional y sacrificial y plasmado en hechos, en realidades, en obras. Este es el tipo de amor que se nos reta a tener.
Lo que a continuación afirma Juan me parece muy interesante y lo entiendo de esta manera. Dios es visible para los que nos rodean cuando nos amamos los unos a los otros con ese tipo de amor ágape. Es visible porque este tipo de amor no es normal ni natural, es algo que proviene de Dios y, por tanto, cuando lo vivimos, cuando es real en las relaciones entre los seguidores de Jesús y somos capaces de hacerlo extensivo a aquellos que no lo siguen, hacemos que Jesús, el Señor, sea real y evidente.
Un principio
Dios se hace evidente cuando la comunidad de seguidores de Jesús ama.
Una pregunta
¿Cuán evidente es en tus relaciones el amor ágape?