1 JUAN 4:7-10

7 Amados, ejercitémonos mutuamente en el amor fraternal, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, da pruebas con ello de ser hijo de Dios y conocer a Dios.

 8 El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

 9 Y Dios nos demostró su amor enviando a este mundo a su Hijo único, para que muriendo él por nosotros pudiéramos nosotros tener vida eterna.

 10 En esto consiste el verdadero amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos ama a nosotros, y por amor envió a su Hijo único como sacrificio expiatorio por nuestros pecados.

 

En estos pocos versículos Juan menciona una de las verdades más importantes de toda la Biblia. Es una verdad acerca de Dios, de su naturaleza, de su carácter de cómo es Él. Juan afirma que el Señor es amor. La palabra griega que se utiliza es -tal y como aparece en la ilustración que encabeza la entrada- AGAPE. Juan afirma que Dios es ágape.

Juan escoge muy bien la palabra. De hecho, los griegos tenían cuatro términos diferentes para referirse al amor pero decide usar ágape para definir la naturaleza de Dios, es decir, cómo Él es. Porque el amor ágape tiene unas características muy concretas. En primer lugar, es un acto de la voluntad, no es acerca de emociones o estados de ánimo. En segundo lugar es incondicional, ama a pesar de, no debido a. En tercer lugar, toma la iniciativa en buscar el bien del otro sin esperar pasivamente. En cuarto lugar, es costoso, sacrificial. Esto significa que la búsqueda del bien del otro implica precio y sacrificio para el que ama. Finalmente, se plasma siempre en acciones y no en grandilocuentes afirmaciones acerca del amor.

En la entrega que el Padre hace de Jesús por nosotros vemos reflejadas todas esas cualidades.

 

Un principio

Dios es ágape.

Una pregunta

¿En qué modo se ven esas cualidades del amor ágape reflejadas en tu vida?