1 JUAN 3:11-18

 11 Porque en este mensaje habéis sido instruidos desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

 12 No hagamos como Caín, que era del Maligno y asesinó a Abel, su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Tan sólo por envidia: porque sus actos eran malos a los ojos de Dios, mientras que los de Abel eran buenos.

 13 Hermanos míos, no os parezca extraño que el mundo os odie.

 14 Nosotros, por el hecho de amar a los hermanos, sabemos que somos librados de la muerte, que hemos pasado de la muerte a la vida. Y sabemos también esto: el que no ama a su hermano, permanece en la muerte.

 15 El que odia a su hermano, en el fondo del corazón es un asesino; y sabéis muy bien que ningún asesino tiene vida eterna en sí mismo.

 16 Cristo, al morir por nosotros, nos legó el más alto ejemplo de amor, pues nos demostró que quien ama de veras está dispuesto incluso a dar la vida por sus hermanos.

 17 Si alguien que dice ser de Cristo posee bienes abundantes y no ayuda al hermano que está en necesidad, ¿cómo puede haber amor de Dios en él?

 18 Hijitos míos, que nuestro amor no sea solo de palabra, de labios afuera, sino de hecho, de verdad.

 

Juan nos indica el mandamiento clave de los seguidores de Jesús, el amor al otro. Pone en contraste el hecho de amor con la figura de Caín y su comportamiento con su hermano Abel al cual mató.

Juan, y esto es muy interesante, indica que el amor es una evidencia clara y contundente de que realmente hemos pasado de muerte a vida. Contrariamente, no importa cuán ortodoxa sea tu teología o confesión de fe, si no amas estás muerto.

Juan nos indica que precisamente si somos o nos consideramos seguidores de Jesús -a quien debemos imitar con nuestro estilo de vida- Él nos muestra de qué tipo de amor estamos hablando al entregar su vida y morir por nosotros.

Juan nos muestra a continuación dos formas prácticas de amar, porque para él el amor no es una simple emoción o declaración de intenciones hacia al prójimo. La primera, es dar la vida por el hermano. Seamos realistas, muy pocos de nosotros, si alguno, estaremos en la tesitura de tener que dar nuestra vida por nuestros hermanos. Ahora bien, si cambiamos la palabra vida por la palabra tiempo -al fin y al cabo la vida se compone de tiempo- el sentido del versículo cambia de forma dramática y lo hace práctico, asequible y mucho más desafiante. Mira cómo suena, que quien ama de veras está dispuesto incluso a dar su tiempo por sus hermanos. Así pues, la calidad de tu amor viene demostrada por el tiempo que dedicas a otros.

Juan nos muestra la segunda, ministrar o ayudar a aquellos que están en necesidad no cerrando nuestro corazón porque si lo hacemos, afirma Juan, no debemos tener la vergüenza de afirmar que amamos a Dios.

 

Un principio

El amor se expresa de formas prácticas, de lo contrario no es amor.

Una pregunta

¿Cómo está tu vida con relación a dar tu tiempo a otros y ministrar las necesidades a tu alrededor?